Creencias limitantes, nuestra mente en cautiverio

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Aquello en lo que creo, crea mi vida

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Las creencias, junto a las emociones y los juicios, conforman los programas grabados en nuestro inconsciente que con el fin de garantizar nuestra supervivencia rigen nuestra vida. Parte de estos programas “nos vienen de fábrica” puesto que quedan instalados en nuestra mente desde incluso antes de nuestro nacimiento (me refiero a la herencia del Transgeneracional y aquellos otros que recibimos en lo que denominamos Proyecto Sentido), y el resto los adquirimos inconscientemente durante nuestra edad cronológica (me refiero a los recursos que nos han servido durante el periodo que abarca desde los tres años hasta nuestra edad actual). Todos estos programas son los responsables (en tanto en cuanto no nos hagamos cargo de esta responsabilidad) de que en nuestra vida disfrutemos o “suframos” ciertas experiencias.

Hoy os hablaré de las creencias, que son con diferencia las que más nos limitan en cualquier circunstancia de nuestra vida, y dejaré para más adelante los no menos interesantes temas de las emociones y los juicios.

A modo de analogía, las creencias vienen a ser a nuestra mente como los ladrillos a un edificio. No podemos, por tanto, vivir sin creencias, de la misma manera que el edificio, sin ladrillos, no existiría. Ahora bien, lo importante a tener en cuenta es que nosotros podemos elegir conscientemente cuál es el tipo de ladrillo (=creencia) que deseamos utilizar para la construcción de nuestro edificio.

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La jaula dorada

Aquí no vamos a hablar de creencias potenciadoras -que también las hay- puesto que éstas, muy al contrario de las limitantes, van a facilitarnos enormemente la vida.

Son las creencias con las que nos auto-limitamos aquellas que, en forma de gruesos barrotes invisibles, configuran nuestro mundo, lo que nos lleva a vivir sin saberlo en una jaula dorada. Mientras no nos hagamos conscientes de ello seremos prisioneros de nuestras creencias y seguiremos viviendo limitados en muchos aspectos.

El Universo se nos muestra como un gran abanico de infinitas posibilidades, pero para que se despliegue hemos de abrirnos a recibir. El problema radica en la incoherencia que existe entre lo que pedimos y el límite o imposibilidad que nos marca nuestra creencia. Por ejemplo, por un lado quiero ganar más dinero pero por otro está la creencia de que “únicamente tendré el dinero que gane con el sudor de mi frente”; o “quiero que este proyecto salga adelante” pero las dificultades vienen una tras otra porque creo que “quién algo quiere algo le cuesta”; o  a pesar de estar “harta de conformarme con todo” finalmente siempre lo hago… porque “a falta de pan, buenas son tortas”. Como veis, en el refranero podemos encontrar la base de una gran parte de nuestras creencias.

Vivimos en una falsa realidad

Tenemos por lo tanto como prioridad el identificar qué creencias son las que nos limitan en cualquier tema. Después de muchas consultas me he dado cuenta que hay una serie de creencias que son comunes a muchos de mis clientes: se trata de las creencias que están detrás de toda desvalorización o de una baja autoestima, como los “no valgo”, “no puedo”, “no merezco”, “no soy capaz”, “no me permito”. Si tenemos a nivel inconsciente alguna de estas creencias no vamos a “ser dignos” de recibir, por lo tanto viviremos carentes, y no me refiero solamente al dinero, también al amor, al trabajo, a los éxitos…

Normalmente muchas creencias se sustentan sobre una creencia base, al igual que sucede en el edificio con sus cimientos. Esto quiere decir que cuando identifiquemos una creencia podemos rascar un poco más a ver que nos encontramos, porque cuando damos con la creencia base junto a ella se cae el resto.

Como veíamos al principio del post, cada creencia se instaló en un primer momento para asegurar nuestra supervivencia. Pero eso que entonces fue necesario ahora no tiene ninguna lógica. Pudo ser por ejemplo que mi abuelo se echara a la “mala vida” después de haber hecho un buen dinero con la venta de unas tierras. Esto que le pasó al abuelo si yo “lo heredo”, va a impedir que gane cualquier cantidad sustanciosa de dinero para asegurar que no me eche, al igual que él, a la “mala vida”. Con toda esta carga no podemos vivir plenamente… tan solo estamos sobreviviendo. 

Salir de la zona de confort para llegar a la zona del aprendiz

Las creencias nos mantienen en la “zona de confort” desde el miedo irracional que sentimos a dar un paso en una dirección diferente a la que hemos tomado hasta ahora.  Entonces aparecen un sin fin de justificaciones que son los “sí, pero…”, los “porque…” o los famosos “es que…”.

¿qué hacemos una vez que tengamos identificada una creencia? Como pronto salir de esa “zona de confort”, donde nos hemos acomodado, incluyendo pequeños cambios en nuestra rutina para hacer frente al miedo e ir acercándonos a la “zona del aprendiz”.

¿Qué te hubiera gustado hacer que ni siquiera has intentado? Da igual lo que sea, lo importante es atreverte a hacerlo y así romper la rutina con esas pequeñas innovaciones que darán grandes resultados. Por ejemplo: “Siempre he soñado con poder correr una maratón, pero creo no ser capaz de aguantarla”. Está claro que de hoy para mañana no voy a estar preparado… pero ¿qué tal si comienzo por salir a correr todos los días cinco minutos? A los pocos serán diez, después veinte… porque no olvides que toda escalada, por muy alta que sea su cumbre, comienza con un paso.

Para terminar, me permito ofreceros dos recomendaciones: la primera es que, si todavía no lo habéis hecho, escuchéis un bonito cuento de Jorge Bucay titulado El elefante encadenado que ilustra de forma sencilla la manera en que nos mantienen prisioneros las creencias. Y la segunda es la lectura de un fragmento del libro La biología de la creencia, un maravilloso trabajo del biólogo Bruce H. Lipton, padre de la Epigenética Conductual, que os dejo a continuación. 

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La biología de la creencia

Los pensamientos positivos por sí solos no logran la curación física en todos los casos. Se necesita algo más que estos pensamientos positivos para mantener el control de tu cuerpo y de tu vida.

Es importante para tu salud y tu bienestar que cambies tu forma de pensar y te concentres en los pensamientos vitales y positivos, además de eliminar los siempre presentes y extenuantes pensamientos negativos.

Pero el mero hecho de pensar en positivo no tiene por qué provocar un cambio en nuestras vidas. De hecho en ocasiones la gente que “fracasa” a la hora de tener pensamientos positivos se vuelve más débil, ya que cree que su situación es irremediable al haber agotado todos los remedios mentales y físicos.

Hay que comprender que la parte consciente y la parte subconsciente de la mente son independientes. La mente subconsciente procesa alrededor de veinte millones de estímulos por segundo frente a los cuarenta que interpreta la mente consciente en ese mismo tiempo.

La mente consciente es la creativa, la que puede conjurar los “pensamientos positivos”. Por el contrario, el subconsciente es uno de los procesadores de información más poderosos que se conocen: examina con detenimiento el mundo que nos rodea y las señales internas; percibe las condiciones del entorno y reacciona de forma inmediata seleccionando un comportamiento previamente aprendido y todo sin la ayuda, la supervisión o siquiera la conciencia de la mente consciente.

La mente subconsciente es estrictamente maquinal; repite las mismas respuestas a las señales vitales una y otra vez.

¿Cuántas veces has montado en cólera por algo tan nimio como encontrarte un tubo de pasta de dientes abierto? Aprendiste desde niño a poner el tapón con mucho cuidado. Cuando encuentras el tubo de pasta abierto se te “cruzan los cables” y montas en cólera de forma automática. No es más que una sencilla reacción estímulo-respuesta del programa de comportamiento almacenado en el subconsciente.

En lo que se refiere a la capacidad de procesamiento neuronal, la mente subconsciente es millones de veces más poderosa que la consciente. Si los deseos de ésta entran en conflicto con la programación del subconsciente, ¿cuál de las dos crees que ganará?

Puedes repetir una y otra vez la afirmación positiva de que eres encantador o que tu cáncer remitirá, pero si de niño escuchaste una y otra vez que no sirves para nada y que estás enfermo, esos mensajes programados en el subconsciente socavarán tus mejores esfuerzos conscientes por cambiar tu vida.

Las conductas o comportamientos reflejos pueden ser tan simples como el hecho de estirar la pierna cuando te dan golpecitos con un martillo en la rodilla o tan complejos como conducir un coche: te metes en el coche, lo pones en marcha y revisas sin darte cuenta la lista de la compra mientras el subconsciente se encarga de activar todas las complejas habilidades necesarias para conducir sin problemas por la ciudad, sin que tengas que pensar ni una vez en cómo se conduce.

Conduces mientras mantienes una conversación con la persona que se sienta a tu lado y estás tan absorto en la charla que en algún punto de la carretera te das cuenta de que llevas cinco minutos sin prestarle atención a la conducción.

Si tú no estabas conduciendo el coche durante ese lapso de tiempo… ¿quién lo hacía? ¡La mente subconsciente! Aunque tú no estuvieras pendiente, el subconsciente ha conducido tal y como le enseñaron a hacerlo durante las clases de conducción.

Aunque las respuestas condicionadas pueden ser particularmente complejas, son “descerebradas”. Durante el proceso de aprendizaje condicionado, las rutas neurales establecidas entre los estímulos y las respuestas se estructuran para asegurar un patrón repetitivo. Estas rutas son los “hábitos”.

Los humanos y cierto número de mamíferos superiores han desarrollado una región especializada del cerebro asociada con el pensamiento, la planificación y la toma de decisiones, llamada corteza prefrontalEsta región del cerebro es en apariencia el asiento de la mente consciente, un “órgano sensorial” de evolución reciente que observa nuestros comportamientos y emociones.

La mente consciente también tiene acceso a la mayor parte de los datos almacenados en nuestro banco de memoria a largo plazo. Éste es un rasgo importantísimo ya que nos permite considerar la historia de nuestra vida cuando planeamos nuestro futuro de forma consciente.

Con esta habilidad de ser auto refleja, la mente consciente puede observar y programar nuestros comportamientos, evaluarlos y decidir cambiar la programación de forma deliberada. Podemos decidir cómo reaccionar a la mayor parte de las señales del entorno, incluso si queremos reaccionar o no.

La capacidad de la mente consciente de obviar la programación del subconsciente, es la base del libre albedrío. No obstante hay que prestar mucha atención, ya que en caso contrario la programación subconsciente toma las riendas; es una tarea difícil, como puede atestiguar cualquiera que haya puesto a prueba alguna vez su fuerza de voluntad. La programación subconsciente se hace con el control en el momento en que la mente consciente se descuida.

La mente subconsciente funciona mediante el estímulo-respuesta; no existe en esa parte de la maquinaria “algo” que reflexione sobre los resultados a largo plazo de los programas que ponemos en marcha. La capacidad del cerebro humano para “aprender” ideas es tan avanzada que no necesitamos una experiencia directa, podemos adquirirlas de forma indirecta a través de maestros.

Una vez que aceptamos las ideas de otros como “verdades”, dichas ideas se graban en nuestro cerebro y se convierten en nuestras “verdades”. Aquí es donde surge el problema: ¿qué ocurre si las ideas de nuestros maestros no son acertadas? En esos casos, los cerebros se llenan de ideas erróneas.

El subconsciente funciona sólo en el ahora. En consecuencia, los conceptos erróneos de nuestro subconsciente no son “monitorizados” y suelen llevarnos a comportamientos desacertados y coartados. Sí, los conceptos “controlan” la biología, pero, como ya hemos visto, estos conceptos pueden ser ciertos o falsos. Así pues, deberíamos ser más precisos y referimos a estas ideas como “creencias”.

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¡Las creencias controlan la biología!

Un ejemplo muy conocido de como una creencia afecta a nuestra biología es el efecto placebo. Todos los estudiantes de medicina saben que la mente puede afectar al cuerpo. Saben que algunas personas mejoran cuando creen (de forma equivocada) que están recibiendo un tratamiento médico.

Cuando los pacientes mejoran tras recibir una pastilla de azúcar, la medicina lo define como “efecto placebo”el “efecto de las creencias” es un testimonio extraordinario de la capacidad de sanación de la unión cuerpo-mente.

Cuando la mente mejora la salud mediante la sugestión positiva, se le denomina efecto placebo. Por el contrario, cuando esa misma mente está llena de pensamientos negativos que pueden deteriorar la salud, los efectos negativos producidos se conocen como “efecto nocebo”.

En medicina, el efecto nocebo puede ser tan poderoso como el efecto placebo, algo que deberías tener muy en cuenta cada vez que entres en la consulta de un médico. Los médicos y terapeutas pueden enviar mensajes desesperanzadores a sus pacientes con sus palabras o sus gestos, también las creencias que pueda tener el paciente sobre el diagnóstico médico que está recibiendo pueden ser decisivas: si recibimos un diagnóstico de cáncer y nuestro subconsciente tiene la programación “cáncer = muerte”, automáticamente se genera la sentencia “me voy a morir”. Esta creencia instalada en el subconsciente va a invalidar todos los esfuerzos conscientes de sanación.

Los problemáticos casos de efecto nocebo sugieren que los médicos, los padres, los profesores, etc… pueden robarte la esperanza haciéndote creer que no puedes hacer nada.

Tus creencias actúan como los filtros de una cámara, cambiando la forma en la que ves el mundo. Y tu biología se adapta a esas creencias.

Cuando reconozcamos de una vez por todas que nuestras creencias son así de poderosas, estaremos en posesión de la llave a la libertad. A pesar de que todavía no podamos cambiar la información que contienen nuestros genes, sí que podemos cambiar nuestra forma de pensar.

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– Gracias –


Porque tú tienes el problema pero también tú tienes su solución… te acompaño en el camino de vuelta a tu Ser, si es que encuentras obstáculos para acceder por ti mismo al origen de tu enfermedad, trastorno y/o situación conflictiva

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2 replies on “Creencias limitantes, nuestra mente en cautiverio

  • Sonia Zúñiga Morales

    Excelente documento para entender y procesar adecuadamente la información en el subconciente para el crecimiento personal.
    Soy una persona adulta consciente de llevar cargas generacionales negativas muy fuertes q obstruyen mi autenticidad, espero tener el tiempo suficiente, vida, para gozar de la existencia.

    Responder
    • Mari Ángeles Cámara

      Hola Sonia, muchas gracias por tus palabras. No lo dudes, el tiempo es relativo y la vida nos va a dar todo lo que necesitamos para realizarnos. Si en algún momento deseas profundizar en tus raíces y llevar luz a tu árbol aquí me tienes para acompañarte en este maravilloso renacimiento. Un abrazo 🙂

      Responder

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