Obesidad: Conflictos emocionales

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Tengo hambre de amor

Si lo deseas, dispones de la opción de escucharlo por Youtube, accediendo desde este enlace

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La palabra “alimento” proviene del latín alimentum, que significa “cosas que se comen o beben para crecer y subsistir”. En BioNeuroEmoción® entendemos, que el alimento que ingerimos mantiene una estrecha relación con el alimento emocional, por lo que la obesidad tiene que ver con el hambre de amor, afecto, atención, reconocimiento

El sobrepeso y la obesidad, se definen como una acumulación anormal o excesiva, de grasa o agua que puede ser perjudicial para la salud, puesto que si bien en un principio la función de la alimentación fue puramente la de sobrevivir, hoy en día se ha convertido en una fuente de placer, llegando en algunos casos a causar dolor o culpa.

Intención positiva

Al igual que ocurre con el resto de síntomas, la obesidad se manifiesta tras haber vivido en soledad una única situación predominante, o varias situaciones sincrónicas, inesperadas, altamente estresantes y sin expresión ni solución aparente, que tienen como raíz el Síndrome de Abandono (real o simbólico). Esto quiere decir que, en todos los casos, la persona siente que no hay nadie que la proteja de algo o de alguien que la causa daño y, por lo tanto, se ha de proteger a sí misma.

Es importante recordar también, que tras todo síntoma se esconde una intención positiva, es decir que, aunque conscientemente no le encontremos una justificación a estos kilos de más, de alguna forma este síntoma es el mejor recurso que mi cerebro ha encontrado, como solución a las situaciones que han atentado contra mi supervivencia.

En la mayoría de los casos, tras el sobrepeso y la obesidad, se esconde una gran carencia afectiva e insatisfacción sexual. La comida, entonces, se convierte en un paliativo de la insatisfacción, sea ésta del tipo que sea. El sobrepeso se alimenta de soledad, de aburrimiento, de tristeza, del sentimiento de rechazo y/o de fracaso, de sensación de impotencia, de estar expuesto a los demás (= burlas, humillaciones, traiciones…) y de ideas negativas acerca de uno mismo o de la vida en general. 

La única dieta efectiva pasa por abstenerse de mantener pensamientos del tipo “no soy capaz”, “yo no me merezco nada bueno”, “soy un inútil”, “no valgo”, “no sirvo”, “¡dónde voy con este cuerpo!”.., porque todo este diálogo interno con el que nos machacamos, la mayoría de las veces inconscientemente, reactiva una y otra vez un estrés y una gran desvalorización.

Tu comportamiento y actitud lo dicen todo

Hay un tipo de personas para las que lo prioritario es ahorrar, no gastar ni un solo céntimo, y lo que hacen es acumular y acumular. La obesidad viene a ser la manifestación biológica de esa actitud, del miedo con el que se vive pensando en que algún día pueda faltar. Se podría decir que la grasa se convierte en un seguro a todo riesgo.

En ocasiones, tras la obesidad se esconde una madre dominante, posesiva, que mantuvo un excesivo control sobre la alimentación, y por ende sobre la persona misma (= pensamientos, sentimientos y creatividad). En este sentido, la obesidad representa una oposición inconsciente a la autoridad materna por sentirse abusado; sin embargo, este es el rechazo del niño herido, y, como adultos, hemos de comenzar a crear nuestra vida, desde el convencimiento que cada cual hace lo mejor que puede, con las herramientas de que dispone.

Nuestra madre, al igual que nuestro padre o cualquier otra persona que haya influenciado en nuestra vida, lleva sus propios programas y con ellos su aprendizaje; es nuestra maestra porque así lo decidimos para nuestra evolución, necesaria por tanto para tomar conciencia de aquello que vinimos a aprender.

La obesidad también me puede estar hablando del poco amor que siento por mí misma, sobre todo, si durante la infancia se han vivido episodios de padres ausentes, separaciones, maltratos, abusos… En este último caso es posible que el miedo inconsciente, provoque una negación a ser atractiva sexualmente, incluso hacia la pareja (“no quiero que me toque”).

Pero la obesidad también puede estar suscitada, entre otros:

  • por un contrato de fidelidad inconsciente hacia uno o varios miembros del clan (= “yo como mamá”),
  • por una necesidad infantil de complacer y obtener amor, reconocimiento o seguridad: si mamá me ha dicho reiteradas veces “menuda carga tengo contigo“, yo voy a querer ser siempre “la carga de mamá“, porque puede más el deseo de ser reconocida que la tristeza de sentirme rechazada,
  • por creencias transgeneracionales, como puede ser un clan dónde las mujeres hayan sido maltratadas y necesiten hacerse fuertes,
  • por cumplir con el mandato, inconsciente la mayoría de las veces, recibido a través del Proyecto Sentido Gestacional.

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Necesito protegerme

Como hemos visto, las personas obesas suelen experimentar el miedo a sentirse desprotegidas. Simbólicamente, las personas engordan con el fin de poner un escudo que las proteja de los demás, de alguna situación o de algo traumático acaecido en su infancia. 

A menudo es un conflicto que se repite en el tiempo, dónde hay una sensación continua de peligro; el motivo de que esto suceda, es porque cuando no hemos resuelto una situación conflictual de la manera más satisfactoria para nosotros, la vida la traerá de nuevo con el fin de que sea sanada, y en la medida en que no la prestemos atención, con mayor intensidad la recibiremos. Fundamentalmente son conflictos de abandono y separación que aparecen de forma inesperada: “Cuando estoy solo estoy en peligro“.

La pregunta sería: ¿para qué me sirve estar obeso?

La obesidad, puede derivar de un acúmulo de grasa o de una retención excesiva de líquidos. En ningún caso, la obesidad tiene que ver con que prolifere la masa ósea o muscular, ni con un mayor volumen de algún órgano, sino que nos habla de la energía que ha quedado estancada bajo la piel y que no usamos (= grasa), y de las emociones que nos impedimos expresar (= agua).

Nuestro mundo externo (= cuerpo y experiencias existenciales) nos sirve como espejo de nuestro mundo interno (= pensamientos y emociones), de tal manera, que si yo sufro por el miedo a ser herida, o me siento vulnerable, o temo perder el amor de alguien, entre otras cosas, las células de mi cuerpo retendrán grasa y/o agua, como solución al estrés que vivo a nivel psicoemocional.

El hecho que determina que la respuesta del cuerpo sea una u otra, depende de cómo se viva la situación conflictiva, y mientras que en la acumulación de líquidos se engorda de una manera rápida, la obesidad por acumulación de grasa lo hace de forma progresiva.

Acumulación de grasa

Nuestro cuerpo utiliza la grasa como protección (“¡no puedo más con sus insultos!”), como reserva de energía que nos prepara para el ataque o la huida (“¡de hoy no pasa!), como fuente del calor que nos falta (“me siento solo”), y como refuerzo para construirnos física y mentalmente.

Cuando buscamos las causas que dan origen al sobrepeso, nos encontramos que éstas son numerosas, y es que la persona obesa no está expuesta únicamente a una sola situación de estrés, sino a múltiples conflictos derivados de su particular manera de vivir cada experiencia, en base a los programas heredados de su árbol genealógico

Tipos de conflictos:

  • Resistir: “¿Dónde voy a ir a mis años?”.
  • Protección física, miedo a ser depredado: “He de protegerme ante esta agresión”. “Contra más grande mejor”. Si a esto le sumamos la sensación de estar en peligro constante, tendríamos implicada la vista (= miedo frontal, “el predador está en casa”) y la glándula tiroides como reguladora del reloj biológico (“¿podré escapar a tiempo?”).
  • Protección térmica: “Como no recibo suficiente calor (=amor) necesito guardarlo en mi interior”.
  • Necesidad de reconocimiento: “¡Nadie me ve!”.
  • Abandono: “Me siento solo”. “Estoy en peligro”.
  • De silueta (conflicto psicológico de desvalorización): “Estoy horroroso”. “Yo misma me doy asco”. 
  • Impotencia / Desvalorización: “Por más que hago no consigo mi propósito”. “¡Estos kilos me perseguirán toda la vida!”
  • Carencia, hacer reserva: “Guardo reservas por si me falta” (tanto materiales como afectivas).
  • Desgana por vivir: “Desde que falta mi madre he perdido toda ilusión por vivir”.
  • Miedo al rechazo: “Me han dejado de lado”. “Han quedado todos los amigos y a mí nadie me ha llamado”.
  • Conflicto de seducción en unos casos: “La redondez es salud”, de repulsión en otros: “Estando gorda paso desapercibida”.
  • Incorporación: Ante una separación (muerte, aborto…) es “¡quédate conmigo!”.
  • Frustración: “Si muestro mis emociones pueden herirme”.
  • Maternidad: “Quiero proteger a mi bebé”.
  • Conflicto del gemelo perdido (si deseas profundizar accede mediante este enlace).

Acumulación de líquidos

Existe otro tipo de sobrepeso provocado por la retención de líquidos. El agua conforma la mayor parte de las células, además de ser nuestro primer referente (=líquido amniótico). 

El conflicto, en este caso, dependiendo del colorido e intensidad de la experiencia conflictual, se relaciona con la pérdida de referentes (“no está papá”, “mamá se ha ido”…), lo que conlleva la sensación de estar en peligro y/o de haberlo perdido todo. La palabra clave sería inseguridad, y la solución, cerrar los túbulos colectores del riñón para evitar dicha pérdida.

También puede activarse la función renal cuando creemos que hemos de luchar por nuestra existencia, por ejemplo, cuando nos sentimos incapaces de afrontar una situación.

Tipos de conflictos:

  • Del refugiado o inmigrante: “Tengo que marcharme y dejar mi casa, mis amigos, mi familia”.
  • Derrumbe existencial: “Mi vida está en juego”.
  • Hospitalización: “No puedo estar en mi casa”.
  • Pérdida de los medios de subsistencia: “He perdido mi trabajo, necesito retener estos líquidos” (= liquidez como sinónimo de dinero).
  • Sentirse perdido: “¿Cuál es el rumbo que he de tomar en la vida?”.
  • Temor a quedar abandonado: “Me siento solo”, “me han dejado atrás”.

El propio síntoma, sobrepeso u obesidad, genera en la persona un continuo estrés, debido a la obsesión de eliminar esos kilos de más. Sin embargo, las dietas restrictivas que se lleven a cabo mientras los conflictos no estén resueltos, concluirán produciendo lo que se conoce como efecto rebote o yo-yo”.

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La morfología del cuerpo manifiesta el tipo de conflicto

La grasa, normalmente, no se acumula en el 100% del cuerpo, sino que lo hace en zonas específicas. ¿En cuáles? En aquellas “dónde haya tenido que ser más fuerte”, “dónde me haya sentido más vulnerable”… 

¿No te parece maravilloso con qué exactitud se nos muestra la información? Y esto, es lo que nos sirve de guía para la  lectura del tipo de conflicto que se ha vivido. Veamos:

  • En el cuello:
    • En el reino animal, hincar los colmillos en el cuello del otro, puede significar salvar la vida en una lucha a muerte. La grasa en esta parte del cuerpo, por tanto, me mantiene a salvo del predador, puesto que a más grasa menos profundidad tendrá la mordida. Aquí hago un inciso para recordarte, que la manera de entender el funcionamiento de nuestro cuerpo, es siendo visto desde la más pura biología. La persona vive con mucho miedo y debe protegerse del peligro. “Vienes borracho… ¡¡no toques a los niños!” (indistintamente de un sexo u otro).
  • En los hombros:
    • Asumir una carga, acarrear con el peso de la familia. “Debo ser fuerte”. “Llevo un gran peso sobre mis hombros”.
  • En los brazos:
    • Necesidad de ser más fuerte físicamente para hacer algo, o también sentir que se está en riesgo con lo que se está haciendo. En las manos sería la misma lectura, pero con una connotación de trabajo más delicado.
  • En el pecho:
    • Las mamas están relacionadas con el nido (= alimento), la problemática en este caso se relaciona con los hijos, reales o simbólicos. Vemos, por ejemplo, cómo en algunas mujeres su pecho aumenta en el momento que sus hijos se independizan. La mujer que siempre ha tenido pechos grandes, ha de buscar su historia en el transgeneracional (hijos muertos, separaciones traumáticas…).
  • En la cintura:
    • Asiento del plexo solar, el yo pequeño. Vendría a ser como un rechazo hacia lo que uno mismo decide hacer. “No soy buena persona”.
  • En el abdomen (la famosa barriguita):
    • En el hombre puede reflejar el sentirse excesivamente controlado por su pareja, y/o la represión de las emociones.
    • En la mujer, puede haber una necesidad de proteger a los hijos, o, en otros casos, la barriguita tiene como fin el simular un embarazo.  A tener en cuenta sobre todo abortos provocados y espontáneos en la historia personal y del árbol, así como problemáticas de aceptación de la mujer como madre, y no como mujer.
    • La barriga que cae tapa el sexo: “Tengo que proteger mi sexo, o tengo que protegerme del sexo”.
    • También puede hacer referencia a “si me hago adulto estoy en peligro“. En el Transgeneracional buscaremos a niños rechazados, agraviados, sometidos, agredidos… una vez han llegado a la adolescencia.
  • En los flancos:
    • Protegerse de historias del pasado. “No quiero que esto llegue a sus oídos”.
  • En las caderas (conocidas como cartucheras):
    • En ocasiones tiene que ver con la prohibición de la expresión artística. Deseo de encubrir el talento creativo (= fuerza creadora). Averiguar en el árbol los secretos relacionados con el placer, y mayormente con el placer sexual. “No quiero sexo”. “Mi vida sexual no es plena”.
    • En la mayoría de las ocasiones, junto con la barriguita, se relaciona con la necesitad de  guardar para cuando venga el bebé, la mayoría de las ocasiones junto con la barriguita. En consulta he podido observar, que esto es frecuente en las mujeres que siguen algún programa de fertilidad.
  • En los glúteos:
    • Atraer la atención del macho. Seducción. Necesidad de que me miren sexualmente.
  • En los muslos:
    • Normalmente se relaciona con temas sexuales, puesto que el engrosamiento de los abductores impiden el acceso al sexo, y también con un programa de no tener hijos, puesto que si no hay una cosa, difícilmente se puede dar la otra. 
  • En las rodillas:
    • Sentirse doblegado por algo o por alguien. Protección ante la autoridad. “Si no lo hago se enfadará conmigo”.
  • En las pantorrillas:
    • Querer hacer algo y no sentirse lo suficientemente preparado. Miedo a pegar el salto. “No tengo el impulso suficiente para conseguir, decir, hacer esto que quiero, o también para salir, escapar de algo o de alguien”.
  • En los tobillos:
    • Ir por el camino equivocado. “Me casé para toda la vida”.
  • Y cuando la grasa es generalizada:
    • Normalmente pone de manifiesto un abuso sexual. Por una parte, porque inconscientemente se ha vinculado la delgadez con la belleza, y ésta con la agresión, por lo tanto la solución para estar a salvo pasa por engordar. “No quiero ser atractiva”. “Si soy delgada estoy en peligro”. Es también una manera de engañar al otro, “soy más grande = soy más fuerte” (imagina a los osos cuando para impresionar se quedan a dos patas), además de los conflictos ya detallados de cubrir el sexo, impedir llegar a él, etc.

Auto detección de la fase de estrés

En el sobrepeso y la obesidad detectamos una primera fase de la enfermedad, conocida como fase fría o de estrés, y una segunda fase llamada caliente o de resolución de conflicto. Normalmente la persona obesa sale y entra repetidamente en el conflicto.

Existen alguno signos corporales que nos sirven para detectar si nos hallamos en un estadío emocional alterado (= primera fase), que tenga como consecuencia el aumento de grasa o líquido en el cuerpo. Estos son:

  • Cansancio matinal.
  • Desmotivación en emprender las acciones cotidianas.
  • Trastornos del sueño.
  • Disminución o ausencia total de movilidad, tanto física como mental.
  • Enfriamiento de manos y pies.
  • Irritabilidad y nerviosismo frecuente.
  • Falta de apetito unida a una necesidad de consumir ciertos estimulantes:
    • Cuando se trata de azúcares, refleja el deseo inconsciente de recibir más dulzura, así como la búsqueda de mamá o la persona que haya desempeñado el rol materno.
    • Por otro lado, los alimentos salados, nos conducen a un conflicto con el padre o la persona que haya gestionado el rol paterno.

Otro dato que nos revela la sorprendente funcionabilidad de nuestro inconsciente a tener en cuenta, es que prácticamente en el 100% de los casos, comprobado personalmente en mis consultas, el número de kilos coincide con una edad particular en la que se vivió un episodio dramático (muerte de un ser querido, enfermedad, abuso, accidente… incluso situaciones aparentemente inofensivas, como pudo ser un cambio de colegio).

¿Cómo me afecta el Transgeneracional y mi Proyecto Sentido Gestacional?

En todos los casos es conveniente indagar en tu Transgeneracional, pues te va a aportar mucha luz el descubrir la relación de este síntoma, con la situación vivida por tus ancestros (memorias de hambre, abandono, abuso, pérdida económica…), teniendo en cuenta que a pesar de que esta sea su manera de demostrarte su amor, ahora es momento de que seas tú quién se haga cargo de tu vida. Este síntoma, como todos, encubre los secretos que nos hacen proclives a vivir esta experiencia… pero también los recursos inherentes para solucionarla.

También averigua todo lo posible sobre tu Proyecto Sentido Gestacional: ¿qué deseo hacia mí tenían mis padres, consciente o inconscientemente, cuando me concibieron?, ¿qué sucedió en la familia mientras estaba en la barriga de mamá?

Hay algunos Proyectos Sentido bastante significativos en consonancia con el tema que hoy nos ocupa, como lo son por ejemplo:

  • Hijo plan de pensiones para la vejez: Normalmente recae en el hijo/a menor; son hijos que no se esperan y para los que este mandato supone sobre todo, desarrollar grandes y fuertes hombros y espalda con el que hacerse cargo de sus progenitores.
  • Hijo saludable: Todavía en la actualidad se mantiene la creencia de que un niño rollizo es sinónimo de salud así como la delgadez lo es de fragilidad.Todavía en la actualidad se mantiene la creencia de que un niño rollizo es sinónimo de salud y la delgadez de fragilidad. Esto se hace más imperioso si con anterioridad los hijos nacidos del matrimonio han sufrido enfermedades o han fallecido.
  • Hijo pilar de la familia: Ante la ausencia de algún progenitor (normalmente el padre), el hijo/a es deseado con el fin de aliviar el sufrimiento (tristeza, soledad, miedo…) del otro. Para ser el pilar necesita tener una estructura robusta que aporte el sostén que se espera de él.
  • Hijo no deseado, o deseado de sexo opuesto: En estos casos el inconsciente puede reaccionar agrandando la corporalidad con el fin de ser visto(“¡estoy aquí!, ¡existo!”). De la misma manera, el niño que nace en una familia con muchos hijos, puede hacerse grande como solución biológica de tomar el espacio que le corresponde, o acusar una delgadez extrema para sentirse incluido en la familia (= necesidad de pertenencia).

A tener en cuenta

  • La obesidad te está protegiendo de algo o de alguien con el que te sientes en peligro; se trata de la mejor solución que ha encontrado tu cerebro, con el fin de sobrellevar el conflicto en tanto en cuanto tú puedas resolverlo.
  • A lo que se resiste, persiste. Deja de luchar contra la obesidad, porque lo que haces con ello es combatir contra tu propio cerebro. Si él te ofrece la mejor solución y esto te produce rechazo (= estrés), simplemente aumentará la dosis (= más kilos).
  • De nada sirve forzar los mecanismos biológicos de protección, puesto que éstos se mantendrán mientras sean necesarios: esto es hasta que se tome conciencia del motivo por el cual necesitamos protegernos. Existen otros medios, tal como el acompañamiento profesional, que te conducirá de una forma más grata a su resolución.
  • Lo que realmente engorda, más que el alimento en sí, son los remordimientos, es decir, tu propio juicio por el alimento que estás comiendo o que te imaginas comer: Si tú crees que te engorda ten seguro que lo hará. Creer es crear.

Reflexiones

Responde a estas preguntas honestamente. Quédate con la primera respuesta que venga a tu mente, esta respuesta te es dada normalmente por el inconsciente:

  • ¿Estoy expresando mis emociones, lo que realmente siento?
  • ¿Para qué necesito la grasa o el líquido en este lugar de mi cuerpo?
  • ¿Qué es lo que en realidad estoy acumulando y con qué finalidad?
  • ¿Qué deseo ocultar tras la grasa?
  • ¿Qué es lo que el sobrepeso me impide hacer? o ¿Qué haría de no tener sobrepeso?
  • ¿A qué tengo miedo?
  • ¿Con quién guardo parecido estando obesa?
  • ¿Me siento agredida por algo o por alguien?
  • ¿Necesito ser visto por mamá / papá?
  • ¿Qué es lo que se espera de mí?
  • ¿Me considero una persona con valía?
  • ¿He tenido suficiente espacio para crecer entre mis hermanos?
  • ¿Me siento amada y respetada por mi pareja?
  • ¿Pretendo saciar mi falta de amor con exceso de comida?

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Sea como sea tu cuerpo, sin duda es el cuerpo perfecto

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– Gracias –


Porque tú tienes el problema pero también tú tienes su solución… te acompaño en el camino de vuelta a tu Ser, si es que encuentras obstáculos para acceder por ti mismo al origen de tu enfermedad, trastorno y/o situación conflictiva

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4 replies on “Obesidad: Conflictos emocionales

  • Elizabeth

    Muy interesante, en un artículo leí de la psicomagia, ni entiendo aun eso de que para perder 20 kgs…omores carne para perros 20kgs. y camines 20 kilómetros. No entiendo y pues si alguien profesional me lo pudiera explicar y si es efectivo. Se puede ssusutuir la carne por otra cosa aquí una libra de carne vale como $ 5 dólares. Imagínate como 40 libras… gracias

    Responder
    • Mari Ángeles Cámara

      Hola Elisabeth, me gusta trabajar con la psicomagia y en mis consultas en ocasiones la aplico, pero nunca escuché esto que tú me dices. Ante todo has de recordar que tu cuerpo está hablándote de un conflicto que a nivel psicoemocional no está resuelto, por lo tanto yo te animaría a empezar por aquí, siendo honesta contigo misma y mirar cuáles de los conflictos que expongo en el artículo te resuena que puedas estar viviendo con el fin de sanarlo. Un abrazo 🙂

      Responder

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