Vivir es aprender: aprender a escucharnos, a sentirnos, a respetarnos… aprender a amar lo que mostramos al mundo y también aquello que, durante mucho tiempo, escondimos no sólo afuera, sino también a nosotros mismos.

Sin embargo no todos estamos dispuestos a despojarnos del personaje de la “víctima” que encaja a la perfección en una sociedad enferma, puesto que si lo hago ¿a quién podré señalar como culpable de lo que me ocurra?

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