¿A que llamamos ansiedad? ¿Con qué conflictos se relaciona? ¿Cómo puedes comenzar a vivir (sin ella)?
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«¡Me muero!»
Mientras que sigas temiendo que algo malo va a pasar, tu cuerpo estará preparado para hacer frente al ataque.
Un Curso de Milagros dice:
«Nada externo a ti puede hacerte daño, nada externo a ti puede amarte, nada externo a ti puede atacarte, porque no hay nada externo a ti».
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El miedo es una señal, un llamado de nuestro inconsciente para mirar aquello que no ha sido sanado. A veces es la voz de un niño herido que aún busca protección, otras, una lealtad invisible a una historia familiar que seguimos repitiendo sin darnos cuenta. La clave no es luchar contra él, sino comprender qué nos quiere decir.
Tanto la ansiedad como la depresión no dejan de ser maneras de reaccionar frente a determinados acontecimientos, y mientras que la depresión está asociada al pasado hacia algo que creemos perdido, la persona que padece ansiedad mantiene su foco de atención en un futuro que considera amenazante. Las personas con trastornos de ansiedad es posible que presenten síntomas depresivos, y viceversa.
De esta forma, podríamos definir la ansiedad con un trastorno sintomático que se manifiesta como respuesta biológica de huida ante un miedo por un posible peligro, ya sea real, simbólico o imaginario. Es el pensamiento anticipado por algo que no ha sucedido y que temo que ocurra, lo que desencadena el miedo y por ende el estado de ansiedad.
No obstante poco importa si ciertamente estamos o no en peligro, porque la lectura de nuestro cerebro es clara: estrés = amenaza, y como veremos a continuación, éste activará el Sistema Biológico de Supervivencia (SBS), descrito por el dr. Ryke G. Hamer, como solución a la demanda de auxilio emitida.
Entes biológicos
Todos los acontecimientos los experimentamos simultáneamente en tres niveles, a saber:
- Psique
- Cerebro
- Órgano
La vida es una sucesión de momentos. Algunos de esos momentos podríamos catalogarlos como «agradables», otros como “disgustos», y otros más como «conflictos». Si en realidad todos los momentos son neutros (situaciones, circunstancias, eventos…), ¿de qué depende entonces que los experimentemos de una u otra forma?
Pues depende de la interpretación que hagamos de del momento / suceso en cuestión, una interpretación totalmente subjetiva condicionada por nuestra programación(1). Y cada vez que experimentamos un conflicto y no le damos solución desde la psique, entra en alerta el cerebro, y éste ordena inmediatamente al tejido u órgano correspondiente que aporte la respuesta para recuperar el equilibrio.
El estado psicoemocional de la ansiedad podría estar mostrando una necesidad de control (miedo a que las cosas no salgan “bien”), sumado a la impaciencia, y a más se quiera controlar, más se intensifican y se agravan los síntomas.
Por ejemplo, podemos sentir ansiedad ante la espera de una llamada importante, el resultado de una entrevista de trabajo, o la noticia de ser papás… ¿aprecias la relación de la ansiedad con la falta de paciencia y el miedo a no controlar el resultado?
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Obviamente hay “ansiedades”, o “estados de exaltación emocional” que son circunstanciales, y que todos hemos podido sentir en algún momento de nuestra vida. ¿Cuál es la línea, fina línea en algunos casos, que consigna la ansiedad como “enfermedad”?
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(1) La programación la determina el Transgeneracional, el Proyecto Sentido Gestacional y la Etapa Infantil.
Síntomas habituales
- Presión en el pecho, respiración acelerada, sensación de ahogo y de falta de aire
- Angustia, nerviosismo, inquietud, boca seca
- Sudoración excesiva, escalofríos, temblores, mareos
- Aumento de las pulsaciones, palpitaciones
- Dificultad para conciliar el sueño o insomnio
- Comer compulsivamente, inapetencia, náuseas, diarrea
- Dolores de cabeza, tensión muscular
Cuando la sensación de peligro se hace inminente, puede concluir en desatar el ataque de pánico.
Recuerda que estos síntomas son el mecanismo de supervivencia de nuestra biología para afrontar esa (posible) amenaza.
¿Por qué aparece la ansiedad?
Como estamos viendo, la ansiedad no deja de ser la etiqueta de un cuadro sintomático. Para que éste se manifieste, al igual que sucede con el resto de síntomas o enfermedades, necesariamente has vivido previamente como mínimo un conflicto ante el cual ahora tu organismo se protege física y emocionalmente.
A esta manera de reaccionar la denominamos conflicto desencadenante, puesto que su origen lo situamos en el Transgeneracional (conflicto estructurante), y queda establecido en el Proyecto Sentido Gestacional y la Etapa Infantil (conflicto programante).
Por este motivo, cuando en nuestra etapa adulta experimentamos situaciones similares, nuestro cerebro instantáneamente aporta la mejor respuesta que nos asegure nuestra supervivencia. En el Programa Renacimiento Consciente® indagamos en los conflictos estructurante y programante, a fin sanar su origen y liberarte de los síntomas de la ansiedad.
Podemos solucionarlo descubriendo qué nos la provoca y reinterpretado el evento traumático. Se trata de expresar lo sufrido en silencio, y dar una comprensión exenta de juicio a la historia vivida.
Tipos de ansiedad
1. Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAD)
- Ansiedad y preocupación constante sin lógica alguna.
- Suma de situaciones percibidas como amenazantes durante un largo periodo de tiempo.
- Conflicto emocional: miedo al futuro.
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2. Trastorno o Ataque de Pánico
- Síntomas físicos de ansiedad que aparecen abruptamente.
- Sensación de muerte, peligro inminente o pérdida del autocontrol.
- Conflicto emocional: terror, miedo incapacitante.
3. Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC)
- Impulsos y/o pensamientos recurrentes que generan conductas y comportamientos ansiosos, tales como tics, rituales y/o manías y/o repeticiones compulsivas (lavarse las manos, repetir una frase, acciones de comprobación…).
- Miedo a perder el control, y causar daño a uno mismo o a los demás.
- Conflicto emocional: miedo frontal.
- Resentires: “¿y si he atropellado a alguien sin darme cuenta?”, “siempre me persigno tres veces antes de salir de casa”.
El aspecto dominante del TOC es la necesidad de poder controlarlo todo.
¿Cuál fue la experiencia traumática vivida que mantiene mi obsesión en que todo esté bien? ¿Qué perdí, qué me quitaron, por qué me dejaron sola?
4. Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT)
- Intenso estrés psicológico ante la anticipación, provocada por pensamientos recurrentes, de revivir una experiencia profundamente traumática.
- Sensación de parálisis o huida (no puedo hacer nada, no puedo escapar… ¡me muero!).
- Conflicto emocional: terror a morir.
- Resentires: “no vuelvo a conducir”, “no vuelvo a meterme en el mar”.
5. Fobias
Hablamos de fobia al referirnos a un miedo profundo, intenso e irracional, ante la presencia e incluso el pensamiento de objetos, animales/insectos o situaciones específicas, como por ejemplo miedo a las alturas, sangre, volar, conducir, etc.
Todas las fobias tienen su origen en experiencias estresantes relacionadas con la fobia concreta, por lo que han de trabajarse por separado. No obstante, recuerda que en todos los casos el factor común es el miedo a revivir el horror a enfrentar el mismo “peligro”. Veamos las fobias más comunes:
Claustrofobia
- Miedo a espacios cerrados o pequeños.
- Memorias de partos largos y/o traumáticos.
Agorafobia
- Miedo a los espacios abiertos, muy grandes o con mucha gente.
- Memorias de huida, necesidad de saber por dónde escapar.
Fobia social
- Miedo a no saber relacionarme, mantener una conversación, interactuar con personas desconocidas, dar una conferencia… en definitiva, miedo a ser el foco de atención y equivocarme.
- Memorias de vergüenza, miedo al juicio / crítica.
Hipocondría
- Temor a enfermar gravemente o a morir por este motivo. La persona que padece esta fobia se auto observa constantemente, vive en una alerta continua y ante cualquier síntoma o molestia eleva su estrés por la preocupación de contraer una enfermedad.
- Memorias de exclusión, abandono, destierro.
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Procesos adaptativos
Indudablemente siempre estamos expuestos en mayor o menor medida a circunstancias que pueden alterarnos, y que pueden quedar en un simple disgusto, o experimentarlas como bioshock cuando se producen de manera abrupta e inesperada, tal puede ser el caso de un problema en el trabajo o con el coche, una mala noticia, un accidente, un familiar grave…
¿Qué sucede entonces en este último caso? Me bloqueo, no sé qué pensar, no sé qué hacer… Mi cerebro interpreta la situación como algo amenazante, de vida o muerte, y responde de la misma manera que lo haría cualquier otro organismo biológico como instinto de supervivencia.
La ansiedad, pues, es la solución: “me mantengo alerta, estoy preparada… para atacar, salir corriendo, o «hacerme la muerta» si no encuentro escapatoria posible”.
Por consiguiente, al igual que sucede con el miedo biológico, siempre que sea dentro de unos parámetros “normales” (no invalidantes ni continuos), la ansiedad no deja de ser una reacción natural de nuestro cuerpo que nos prepara para enfrentar desafíos y nuevas sensaciones. Es inviable entonces considerar no sentir en algún momento respuestas de ansiedad.
Crecimiento personal
Por supuesto, las repercusiones difieren de acuerdo al estado anímico que habitualmente mantenemos. La ansiedad siempre va a detonar con mayor fiereza en la persona emocionalmente más vulnerable. Aquella que vive desvalorizada y tenga lastimada su autoestima, tenderá a resignarse a vivir esclava de la ansiedad, en lugar de buscar respuestas y resolver su origen.
En cambio, quién vive su vida con determinación, ilusión y motivación, quién hace lo que le gusta y no se deja persuadir ni dirigir por la opinión de su entorno, podrá resentir los síntomas de la ansiedad alguna vez en su vida y por muy poco espacio de tiempo, modificando eso que le está procurando el daño para seguir adelante con su vida.
De cualquier forma, como te decía, todos estamos expuestos a poder experimentar un episodio de ansiedad que nos supere. Sin embargo, cuando se ha convertido en algo repetitivo, se mantiene en el tiempo, o la reacción es intensa y desproporcionada, es importante que observes las circunstancias que estás viviendo para acometer e invalidar el disparador que lo activa.
Heridas que duelen
Victimizarte te esclaviza a la ansiedad. Pensamientos del tipo “me voy a morir”, “nadie puede ayudarme”, “nunca estaré bien” … te atrapan en un callejón sin salida.
Las heridas, aunque invisibles, están. Heridas emocionales que reclaman de tu atención. Si las obvias continuarán en su eterno lamento. Si las atiendes, sanarán, y tú como adulto, como adulta, puedes y debes hacerlo. Mientras tanto la vida pasa sin que te estés viviendo.
¿Qué podría suceder si dijeras lo que piensas y cómo te sientes a tu pareja, a tu socio, a tu jefe…? ¿O si te atrevieras a dar una conferencia, a iniciar tu proyecto, a coger el coche o a tomar un vuelo…? Yo te lo diré, pondrías en “jaque” tu patrón mental, y te darías cuenta que, efectivamente, no pasaría nada de eso por lo que te has atormentado tanto tiempo.
Sé que así, pero quizá estarás pensando “¡no es tan fácil!”… Lo sé, cuenta con mi acompañamiento para hacer posible que vivas y disfrutes de la vida, y dejes de estar presa de esa cárcel que, aunque invisible, te mantiene atrapada.
Reflexiones
La ansiedad tan solo es el llamado de una herida pendiente de atender y sanar. Y el hilo conductor que nos guiará al origen de esta afectación, es el síntoma con el que se muestra.
Recuerda que la ansiedad es la respuesta de supervivencia de tu organismo ante lo que tú interpretaste como una amenaza, hecho que tu inconsciente grabó como «corro el riesgo de morir, mi vida está en peligro».
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Ten en cuenta también que ninguno de los síntomas de la ansiedad implica que tu salud se vea perjudicada… a no ser que en lugar de soltar el conflicto que programó esta respuesta biológica de solución, te mantengas aferrada a él. Más bien comienza a observarte y a hacerte preguntas, tales como:
- ¿En qué situaciones se produce? ¿Qué pensamientos lo activan?
- ¿Es por algo que está ocurriendo ahora, o por lo que temo que pueda suceder?
- ¿Por qué y para qué estoy sintiéndome así?
- ¿Necesito sentirme escuchada, acompañada, que me presten atención?
- ¿Realmente estoy expuesta a un verdadero peligro? Y en caso de que así sea, ¿qué me impide resolverlo? Quizá precisamente éste sea lo que detona el síntoma.
La ansiedad afecta tu forma de estar en el mundo, y por ende el modo en que te relacionas con los demás y contigo misma.
¡¡Sí puedes!!
Cada vez que te dejas llevar por el miedo y huyes del presente, no eres tú. Te comportas de manera irracional, en automático, y en ese estado es imposible sopesar las consecuencias de tus palabras y acciones, amén del grado del malestar físico, mental y emocional que te genera.
Ve al origen, revisa tu infancia.
¿Qué fue lo que recibiste de tus referentes (padres, abuelos, cuidadores…)? ¿Qué te faltó?
¿Quizá te dijeron «¡venga, tú puedes!», «¡qué bien lo haces!», «¡estamos orgullosos de ti!»…, o por el contrario lo que escuchaste fue «quita, tú no sabes, ya lo hago yo», «¡déjalo, ¿no ves que eres incapaz de conseguir nada?», «¡qué niña más idiota!»?
Puedo ayudarte a ver la vida desde otro prisma, a que salgas de ese pensamiento rumiante que te incapacita y por el que sufres. Permítete liberarte de las emociones y sensaciones corporales vinculadas al bioshock origen de tu sintomatología, y resignificar el recuerdo traumático con los recursos internos necesarios para superarlo.
Y los síntomas nos conducen con total precisión a ese instante concreto que tu inconsciente registró como peligroso y/o amenazante, y active el mecanismo de la ansiedad cada vez que conecta con el recuerdo doloroso y traumático.
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Redescubrirte es el mayor y mejor de los regalos que puedes ofrecerte; no dejes que la vida se te pase sin haberte disfrutado.




