Mejora tu Visión: Yoga para los ojos y otros Ejercicios Prácticos

Practica Yoga para los ojos y otros ejercicios y mejora tu visión.

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Puesta a punto

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Sin duda conocerás el dicho de que los ojos son el espejo del alma. Mas no solo los ojos expresan nuestro contento, nuestra confianza y seguridad… además de, como no, nuestros miedos, tensiones, situaciones no resueltas de manera eficaz y consciente.

Como órgano del sentido de la vista, también los ojos son el filtro por el cual interpretamos que la imagen que percibimos de nuestro entorno sea agradable o desagradable, segura o peligrosa. ¡Qué importante entonces es procurarnos una visión clara, nítida, en correspondencia «real» con el tamaño y el distanciamiento de la información que registran nuestros ojos!

Hago un pequeño paréntesis: Si todavía no lo has hecho, te invito a la lectura de los artículos dedicados a los conflictos biológicos de las principales afecciones oculares, como complemento ineludible de este post:

La suma hace un todo

¿Te imaginas que rápido puede mejorar la calidad de tu visión, si a la toma de conciencia que te aporta el conocimiento del resentir biológico de la afección ocular le añades una o varias de las prácticas que te propongo en este artículo?

Porque una vez se conoce el origen del síntoma y se lleva a cabo la llamada a la acción que éste expresa, cualquier aportación complementaria potenciará la mejora visual, independientemente de la etiqueta asignada al síntoma que presentes. Todo eso que se optó por clasificarlo como incurable, en realidad podría tener solución.

Ahora bien, sabes que gracias a tus ojos tienes la capacidad de mirar y de ver pero… ¿te has parado a pensar en cómo los usas, en lo que haces con ellos? Por ejemplo, por qué hay momentos en que los cierras con suavidad y otros lo haces con dureza, o por qué tiendes a evitar mirar en determinadas direcciones, o por qué ante algunas personas bajas la vista…

Retorno al origen

Usa las gafas o lentillas únicamente cuando sea necesario

Porque una cosa es poder beneficiarnos de lo que puede ayudarnos en algunos momentos, como el uso de una muleta por ejemplo, y otra cosa es pasar a depender totalmente de ello. Cuando usamos las gafas o lentillas sin orden ni concierto acostumbramos a nuestros ojos a que no tengan que hacer ningún esfuerzo, y en lugar de recuperar la vista lo que suele pasar es todo lo contrario.

¿Qué sería lo oportuno? Prescindir de su uso durante algunas horas al día, siempre que sea posible, a fin de permitir a los ojos hacer su función, e ir aumentando estos tiempos de manera progresiva.

Alterna entre los enfoques cerca y lejos

En los últimos años las ciudades han crecido de manera desorbitada. Rodeados de grandes edificios, hemos ido limitando nuestra capacidad de mirar a diferentes distancias, quedando restringidos cada vez más a la visión de cerca.

Si queremos recuperar nuestro potencial visual hemos por tanto de ejercitar conscientemente sus funciones. ¿Cómo? Saliendo a espacios abiertos, al campo, la montaña, la playa, en los que nuestros ojos miren sin toparse con ningún impedimento que los obstaculice.

No obstante, mientras tanto, aprovecha cualquier momento que puedas para alternar la mirada entre cerca y lejos, lejos y cerca, observando los pequeños detalles y objetos de tu entorno.

Y además…

Camina descalzo siempre que puedas (en casa, sobre la hierba, la arena…), para facilitar la transmisión entre las terminaciones nerviosas de la planta de los pies con las áreas del cerebro encargadas de las funciones visuales.

Dirige la vista con los ojos cerrados hacia la salida y la puesta de sol mientras sientes cómo los rayos ultravioletas los relajan. Cuanto más regularmente realices estas y otras acciones conscientes, como las que te comparto en este artículo, más y mejores resultados obtendrás.

Estrés… Sí, en su justa medida

El estrés, como todo, tiene una razón de ser: Agudizar los sentidos a fin de estar alerta y sobrevivir. Las hormonas que se liberan cuando estamos “estresados” son motivadores para pasar a la acción, nos impulsan a tomar decisiones, a avanzar en la vida, a adaptarnos adecuadamente al entorno. Con el estrés aumenta nuestra capacidad de reacción, concentración, e incluso la visión.

También, como todo, prima el equilibrio puesto que nada es bueno es exceso. Y si bien en momentos puntuales es no solo beneficioso sino necesario, el estrés mantenido es la causa de todos “nuestros males”. Es decir, no es que el estrés sea el causante de nuestro malestar, sino lo que nosotros hacemos de él y con él. Te pongo un ejemplo:

Imagina que quieres prepararte una tostada. Tu tostador funciona mientras mantienes el botón rojo presionado. Colocas el pan, presionas el botón, y cuando tu tostada está hecha retiras el dedo y se acabó: ¡A disfrutar de tu tostada! Ahora, ¿qué pasaría si no levantaras el dedo del botón rojo y lo mantuvieras presionado por más tiempo del necesario? Exacto, además de quedarte sin tostada, provocarías que la máquina echase a arder.

Date un respiro

Permanecer muchas horas frente al ordenador, o concentrado en un documento, estudio, lectura por demasiado tiempo continuado, implica un gran desgaste de energía a todos los niveles… siempre y cuando la mente y los ojos no estén relajados. Si hay tensión, incluso un corto periodo de tiempo podría iniciar los mismos daños.

Prioriza en tu bienestar, disfruta de una pequeña aunque restauradora pausa, y además estira las piernas, un paseo de apenas veinte pasos te vendrá maravillosamente bien. Y cuando no te sea posible obsequiarte estos escasos minutos, aplica la regla del 20-20. ¿Qué nos dice esta regla? Que tras veinte minutos de exposición, durante los próximos veinte segundos desenfoca la vista de lo que estés haciendo y fíjala en un punto que se encuentre al menos a 6 metros de ti.

 

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Prácticas

Posiblemente tendrás conocimiento de las diversas metodologías con las que podemos mantener relajado y vitalizado nuestro cuerpo y nuestra mente, entre las que se encuentra la milenaria práctica de Hatha Yoga a través de las asanas o posturas (si te apetece practicarla conmigo ingresa en este enlace para más información).

¿Pero sabías que algunas asanas están encaminadas específicamente a equilibrar, mejorar y corregir la vista? Pues bien, en este artículo te comparto cuáles son, además de otros ejercicios que contribuirán a tu mejora visual con todo lo que ello conlleva, como ya hemos visto. Te recomiendo los realices en posición sentado con la espalda recta.

¿Me acompañas?

Ejercicio 1: Palmeo

Relaja la tensión ocular

  1. Frota las manos vigorosamente hasta que entren en calor.
  2. Después ahueca las palmas y colócalas sobre los ojos cerrados (si estás sentado frente a una mesa puedes apoyar los codos). Nota cómo con este simple acto empiezas a liberar tensión.
  3. Mantén una respiración calmada mientras observas tus párpados, soltándolos, relajándolos conscientemente.
  4. Bastarán dos o tres minutos para que, tras finalizar el palmeo, sientas el alivio en tus ojos además de ver con mayor nitidez.

Ejercicio 2: Parpadeo

Mantén la hidratación natural de los ojos.

El acto de parpadear se produce de manera involuntaria cada cinco segundos. Su función es la de hidratar el ojo y protegerlo de la intrusión de cuerpos extraños y luces intensas. Sin embargo esta acción se produce con más lentitud cuando nos mantenemos profundamente concentrados en lo que estamos haciendo, sobre todo si afecta la visión de cerca como por ejemplo en el estudio o frente al ordenador.

Después de un minuto sin parpadear notamos la falta de hidratación en forma de irritación, sequedad, enrojecimiento, e incluso visión borrosa. Si queremos gozar de unos ojos hidratados se hace preciso entonces, en determinadas circunstancias, de hacer del parpadeo un acto consciente. Te comparto tres ejercicios destinados al mismo fin.

Práctica 1

  1. Comienza con el ejercicio del palmeo. Respira de manera natural.
  2. Ahora, durante unos segundos, fija tu mirada en un objeto que se encuentre alejado de ti y mientras lo haces parpadea varias veces.
  3. Cierra los ojos sin poner tensión en los párpados, y observa tu respiración aproximadamente por treinta segundos.
  4. Repite los pasos 3. y 4. un par de veces más.
  5. Finaliza con el punto 1.

Práctica 2

(Inspirado en el libro “Yoga para tus ojos”, de Meir Schneider)

  1. Respira hondo mientas abres y cierras tus ojos lentamente.
  2. Cierra el ojo derecho y cubre suavemente el párpado con la yema de los dedos de la misma mano.
  3. Ahora empieza a parpadear muy despacio con el ojo izquierdo.
  4. Mientras realizas el paso 3., masajea la parte izquierda de la frente con la yema de los dedos, como si quisieras alisar los músculos de esa zona.
  5. Observa cómo al parpadear tan lenta y suavemente con el ojo izquierdo, los dedos que tapan tu ojo derecho (cerrado) no llegan a percibir el movimiento del párpado tapado.
  6. Quizá te cueste un poco al principio. No lo fuerces, ayúdate con la respiración y deja que tus pestañas suban y bajen con suavidad.
  7. Cierra por unos segundos los dos ojos, y después repite la misma secuencia con el otro ojo: Cierra el ojo izquierdo y cúbrelo suavemente con la yema de los dedos de la mano izquierda.
  8. Ahora levanta y cierra el párpado derecho muy lentamente, disfrutando de este momento de descanso.
  9. Con los dedos de tu mano derecha masajea los músculos de la frente por encima del ojo derecho.
  10. Cuando sientas los ojos descansados, relaja los brazos y cierra ambos ojos por unos segundos.

Práctica 3

  1. Comienza con el ejercicio del palmeo. Respira de manera natural.
  2. Saca las manos de frente a los ojos y relaja los brazos. Respira profundamente mientras bajas despacio la cabeza hacia delante, acercando la barbilla al pecho.
  3. Muy lentamente balancea la cabeza lateralmente (de derecha a izquierda y de izquierda a derecha).
  4. Levanta la cabeza y haz círculos amplios con los hombros hacia atrás y hacia delante.
  5. Inspira profundamente y eleva los hombros. Mantenlos arriba mientras retienes el aire, y a continuación suéltalo lentamente mientras bajas los hombros.
  6. Ahora respira de manera natural y durante unos segundos fija tu mirada en un objeto que se encuentre alejado de ti. Mientras lo haces parpadea varias veces y después cambias de objeto.
  7. Cierra de nuevo los ojos y repite el paso 1. Disfruta de la calidez que desprenden tus manos sobre tus ojos.
  8. Relaja los brazos y respira profundamente durante unos segundos.
  9. Abre los ojos tranquilamente y regálate una sonrisa.
  10. Ahora podrás continuar con tu estudio o trabajo sintiéndote más despejado y con renovada energía.

Ejercicio 3: Mirar en todas direcciones

Alivia la tensión muscular producida por largos periodos de lectura y fortalece la musculatura ocular.

Tan importante es que recuperemos la capacidad natural de los ojos al mirar de cerca y de lejos, como que mantengamos en forma toda la pequeña musculatura que los envuelven para evitar que termine atrofiándose.

Además de las dos prácticas que te expongo a continuación, ejerce conscientemente el movimiento ocular en vez de mover la cabeza cada vez que quieras mirar hacia algún lugar. Recuerda que con ello estás estimulando, fortaleciendo, revitalizando y favoreciendo la coordinación de los pequeños músculos oculares.

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Práctica 1

(Inspirado en el libro «Yoga de la Corrección Visual», de Kazuhiro Nakagawa)

  1. De forma rítmica y calmada, abre y cierra los ojos en las cuatro direcciones (arriba, abajo, derecha e izquierda). A partir de aquí, y en pautas de diez segundos:
  2. Cierra los ojos con fuerza.
  3. Abre los ojos y mira hacia arriba.
  4. Ciérralos con fuerza.
  5. Ábrelos y mira hacia abajo.
  6. Ciérralos fuertemente.
  7. Ábrelos y mira hacia la derecha.
  8. Ciérralos nuevamente con fuerza.
  9. Ábrelos y mira a la izquierda.
  10. Ciérralos fuertemente.
  11. Ábrelos y ahora mira hacia la punta de la nariz.
  12. Cierra los ojos por última vez y mantelos cerrados diez segundos más.
  13. Descansa con el ejercicio del palmeo (frotando las manos hasta que entren en calor, y poniéndolas sobre los ojos).

Práctica 2

Paso 1

Sentado y con la espalda recta, extiende los brazos hacia arriba dejando las palmas de las manos hacia el frente.

  1. Abre completamente los dedos, de forma que veas los pulgares al girar los ojos hacia arriba.
  2. Mientras inspiras dirige la mirada, sin mover la cabeza, hacia el dedo pulgar de la mano derecha.
  3. Con la exhalación lleva la mirada al entrecejo.
  4. Al inspirar desplázala hacia el pulgar de la mano izquierda.
  5. Con la exhalación regresa al entrecejo.
  6. Repite estos movimientos, despacio, por diez veces.
  7. Descansa con el ejercicio del palmeo.
Paso 2
  1. Extiende hacia el techo el brazo derecho con la palma de la mano hacia delante, y el izquierdo hacia el frente, paralelo al suelo, con la palma hacia abajo.
  2. Mientras tomas aire lleva la mirada hacia el dedo pulgar de la mano derecha, sin mover la cabeza.
  3. Con la exhalación mira hacia el dedo pulgar de la mano izquierda.
  4. Repite estos movimientos, despacio, por cinco veces.
  5. Descansa con el palmeo (frotando las manos hasta que entren en calor, y poniéndolas sobre los ojos).
  6. Repite los mismos pasos con el brazo izquierdo levantado hacia arriba y el derecho hacia el frente.
  7. Ahora extiende el brazo derecho hacia arriba con la palma de la mano hacia frente, y acerca el izquierdo al tronco. A continuación sepáralo hacia el costado unos treinta centímetros y voltea la palma de la mano hacia delante, de tal forma que quede el pulgar hacia arriba.
  8. Mientras tomas aire lleva la mirada hacia el dedo pulgar de la mano derecha, sin mover la cabeza.
  9. Con la exhalación mira hacia el dedo pulgar de la mano izquierda.
  10. Repite estos movimientos, despacio, por cinco veces.
  11. Descansa con el ejercicio del palmeo.
  12. Repite ahora los mismos pasos cambiando la posición de los brazos.
Paso 3
  1. Levanta hacia el techo el brazo derecho con la palma de la mano hacia delante, y deja el izquierdo hacia el frente, paralelo al suelo, con la palma hacia abajo.
  2. Mientras inspiras lleva la mirada hacia el dedo pulgar de la mano derecha.
  3. Manteniendo la mirada sobre él, exhala bajando el brazo derecho hacia delante y sube simultáneamente el izquierdo.
  4. Ahora dirige la mirada hacia el dedo pulgar de la mano izquierda al inspirar, repitiendo el proceso anterior por diez veces. 
  5. Descansa con el ejercicio del palmeo.
Paso 4
  1. Sentado y con la espalda recta, extiende los brazos hacia el frente con las palmas de las manos enfrentadas.
  2. Manteniendo la mirada sobre el dedo pulgar derecho, acércalo a la nariz mientras inspiras y aléjalo mientras exhalas, sin mover la cabeza.
  3. Haz lo mismo fijando la vista en el dedo pulgar izquierdo.
  4. Repite estos movimientos por diez veces.
  5. Descansa con el ejercicio del palmeo.

Ejercicio 4: Tratak

Fijar la mirada ininterrumpidamente en un objeto, una imagen o un punto.

Tratak, aun siendo una técnica física, aporta beneficios mentales y emocionales: disminuye la miopía y la debilidad en los ojos, mejora la concentración y la atención, relaja la mente y regula los patrones de sueño, muy indicado por tanto para las personas insomnes. 

A nivel espiritual, la práctica regular de esta técnica desarrolla enormemente el poder de concentración, y por ende de la meditación, lo que conduce a un despertar de las facultades innatas en todo ser humano.

 

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La práctica más común de tratak es la que se lleva a cabo con una vela encendida (¡toma las debidas precauciones!), justo lo que hoy te comparto. No obstante también puedes practicarlo fijando la mirada en una bola, en el agua, en el punto que dibujes en una hoja de papel, en la luna, o en ese objeto que para ti es tan especial.

Algunas observaciones

Mira la llama fijamente, sin mover los ojos ni parpadear al menos durante un par de minutos o hasta que los ojos lloren. No lo fuerces ni te inquietes si en un principio te cuesta un poco, más adelante lo mantendrás por más tiempo… ¡es cuestión de práctica!

Si bien quince o veinte minutos diarios de práctica de tratak son suficientes (alternando episodios de ojos cerrados y abiertos, como te explico a continuación), para corregir un problema de los ojos es conveniente ampliar este tiempo al menos a treinta minutos. Si tu problema es el insomnio, realízalo durante veinte minutos antes de ir a dormir.

Es importante que tu atención se concentre en los ojos y obvies el resto del cuerpo: Unos ojos quietos detienen el ajetreo de la mente. Cuando tu mirada se centra en la llama ojos y mente se tensionan, de la misma forma y simultáneamente, al cerrar los ojos cae en picado la tensión ocular y mental, facilitando el estado de plena relajación.

Tratak reúne todas las energías en un único foco, siendo por tanto una de las fórmulas más efectivas para concentrar la mente. Sus beneficios, por tanto, se extrapolan también a otros aspectos de tu vida diaria… ¿O no es verdad que el acierto en cualquier decisión o la destreza en las empresas que acometas, estriban sobre todo en tu nivel de concentración, en mantenerte en el estado de presencia?

Práctica

  1. Ubícate en una habitación con luz tenue o en penumbra, y siéntate en una posición cómoda (espalda recta y cuerpo relajado).
  2. Sitúa una vela encendida frente a ti, de tal manera que su llama quede a la misma altura de tus ojos, y a una distancia entre cuarenta y sesenta centímetros. Ahora cierra los ojos y hazte consciente de tu cuerpo.
  3. Después abre los ojos despacio y fija la mirada en el punto más brillante de la llama… Ya sabes sin mover los ojos ni parpadear.
  4. Continúa mirando fijamente el punto más brillante de la llama. Hazlo con plena conciencia, concentrándote exclusivamente en tus ojos, casi como si dejaras de percibir el resto del cuerpo.
  5. En cuanto notes los ojos cansados o comiencen a aguarse, baja los párpados suavemente, relajados, cerrando los ojos. El cuerpo no se mueve, tan solo los párpados.
  6. Con los ojos cerrados, lleva la atención de tu mente hacia el entrecejo, un punto situado ligeramente más arriba, hacia el centro de tu frente. Date cuenta cómo el reflejo de la llama que ha guardado tu retina, puedes verlo en tu interior frente a tus ojos cerrados.
  7. En el momento en que esta imagen se desvanezca, vuelve a abrir los ojos y de nuevo fija la mirada en la parte más brillante de la vela en su parte, para continuar con otra ronda de tratak.

Ejercicio 5: Al aire libre

¡Llega el momento tan deseado… un paseo, un rato de recreo tras acabar un día de trabajo, de estudio, o quizá ese descanso a mitad del día…! ¿Por qué no aprovecharlo para darle ese respiro que le vendrá tan bien a tus ojos, utilizando más la visión lejana y periférica en alivio de la cercana y central?

Y si además tienes la posibilidad de disfrutar de un entorno verde: Un parque, el bosque, la montaña… Ese espacio en el que te sientes uno con la naturaleza, en el que tus ojos se llenan de la belleza de sus colores y todo tu cuerpo se repliega a sus aromas, al sentir del viento… ya no solo saldrá beneficiada tu vista, sino todo tú, física, psíquica y emocionalmente.

 

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Práctica

  1. Mientras caminas enfócate a lo lejos. Al mismo tiempo y sin mover la cabeza, sólo con tus movimientos oculares, toma conciencia de todo lo que te rodea, de lo que vas dejando atrás a medida que avanzas, de lo novedoso que se presenta en tu campo visual…
  2. Presta atención al resto de tus sentidos: los sonidos, los olores, las sensaciones…
  3. De vez en cuando detente ante cualquier árbol, roca, matojo que llame tu atención y obsérvalo en su totalidad (sus partes visibles y también las más imperceptibles), mientras parpadeas y respiras conscientemente.
  4. Después cierra los ojos un momento y representa esa misma imagen en tu mente, con cada uno de sus pequeños detalles.
  5. En los espacios en los que el cielo se muestre en su totalidad, párate, ponte de espaldas al sol y apoya la nuca sobre una mano.
  6. Después cierra los ojos, y con el cuello levantado (tal y como estás), desliza con suavidad lateralmente la cabeza de un lado al otro.
  7. Abre los ojos y continúa tu camino, seguro que con más calma si cabe, repitiendo los pasos previos regularmente a tu propio ritmo.

Ejercicio 6: Automasaje facial

¿No es asombroso que una superficie tan pequeña como es la cara, esté formada por nada más y nada menos que 43 músculos? Con este automasaje no solo tonificas el rostro y lo drenas de toxinas (cosa que por supuesto beneficia a los ojos), sino que además es una estupenda manera de liberar la tensión facial. ¿Sabías que con una sola parte de tu cuerpo que relajas conscientemente descansa el resto del mismo, y por ende también lo hace la mente?

Dedícate un tiempito para ti. Si lo deseas puedes utilizar algún aceite esencial, y ambientar la sala con incienso y música relajante. Presta especial atención a la zona de los ojos, su piel es muy fina. Por último, realiza todo el proceso con los ojos cerrados, soltando los párpados, sin tensión, y la boca ligeramente entreabierta. Impregna cada movimiento con toda la suavidad, cariño y amor que mereces. El tiempo en cada punto lo marcas tú… ¡déjate llevar por el momento!

Práctica

  1. Alisa la frente siguiendo la línea de las cejas hasta las sienes.
  2. Describe pequeños círculos en las sienes con los dedos índice y corazón.
  3. Haz una ligera presión sobre las sienes con la yema de estos dedos.
  4. Ahueca las palmas de las manos y sitúalas sobre los párpados.
  5. Masajea el entrecejo con los dedos índice y corazón, haciendo movimientos circulares en el sentido de las agujas del reloj.
  6. Apoya, únicamente apoya, los dedos anular, índice y corazón sobre los párpados cerrados, de tal manera que los anulares quedan por encima del extremo interno de los ojos, los dedos corazones en el centro, y los índices en el extremo externo. Muy suavemente alterna el movimiento de los dedos sobre los párpados, como si lloviera dócilmente sobre ellos.
  7. Con la yema de los dedos da pequeños golpecitos por debajo de los ojos.
  8. Con los dedos de ambas manos masajea los costados de la nariz de arriba abajo, y cuando llegues a la altura de las fosas nasales continúa con los dedos hacia afuera, por debajo de los pómulos.
  9. Abre y cierra la boca lentamente varias veces, y después déjala de nuevo entreabierta.
  10. Toma la mandíbula por el centro con los dedos, situando todos por encima a excepción de los pulgares que quedan por debajo, y presionándolos sobre ella llévalos hacia los extremos.
  11. Sitúa las manos a los lados de la cara, e imprimiendo un poco de presión masajea en círculos la mandíbula.
  12. Igualmente presiona sobre los puntos de la mandíbula que están bajo el lóbulo de la oreja.
  13. Frota las manos y cuando las notes calientes, colócalas ahuecadas sobre las orejas.
  14. Masajea el lóbulo de cada oreja.
  15. Golpea con la yema de los dedos el cráneo desde la parte frontal hasta la parte posterior, y después sobre los laterales.

Y para finalizar esta práctica:

Frota nuevamente las manos, y cuando las notes calientes sitúalas ahuecadas sobre tu rostro.

Puedes finalizar este automasaje facial desperezándote y volviendo a la rutina, o relajándote aún más con una visualización. Sería estupendo que incorporases a tu día a día el automasaje facial (¿quizá a la hora de irte a descansar?), como has visto el tiempo que requiere es mínimo y el resultado maravilloso.

Reflexiones

Tus ojos se modulan de acuerdo a las órdenes cerebrales ante cualquier evento que te da miedo, bien porque lo quieres dejar de ver, bien porque sufres por dejar de verlo. Sin embargo, las experiencias cobran un sentido muy distinto cuando sabemos que eso que llamamos realidad, es algo que cada uno de nosotros esboza de acuerdo a sus patrones mentales conscientes y subconscientes.

Amigo, amiga, la vida es tal y como tú la reproduces. De nada sirve negar lo evidente puesto que al hacerlo te niegas a ver, a aceptar por tanto, una parte de ti mismo, de ti misma. Date cuenta que cerrando los ojos no cambiará eso que tanto te disgusta, como tampoco evitarás que las cosas se den como han de darse a pesar de no haber apartado la vista ni un solo instante.

Camina con seguridad hacia el frente, mira con la intención de ver y afrontar las enseñanzas que la vida te propone, pon en duda tus miedos y dirígete miradas de amor sincero. Recuerda que sin experiencias no sería posible evolucionar, y que cada una de esas experiencias ha sido diseñada por y para ti. ¿Puedes transformar la realidad? Por supuesto, de hecho lo estás haciendo constantemente aunque de manera inconsciente.

¿Qué tal si a partir de ahora, en lugar de que sean tus ojos los que se adapten para tu conveniencia, cambias tú… tu actitud, tu confianza, tu fe en ti y en la vida misma? Viniste a aprender y lo estás haciendo, mas no tiene porque seguir siendo a base de sufrimiento.

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Mírate con buenos ojos.

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Espero que esta lectura te haya aportado
Transforma tus heridas en fortaleza; emprende tu viaje de sanación conmigo.

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